El síntoma de "La Rana Hervida", explica que, si ponemos a una rana en un recipiente con agua hirviendo, esta saltará para salvarse, mientras que si a la misma rana, la ponemos en un recipiente con agua fría, y comenzamos poco a poco a calentarla, la rana se irá adaptando y no saldrá del recipiente, hasta morir hervida.
La experiencia es cruel, enseña, algunas veces de la manera menos preferida: el dolor.
Aquella ranita que pensó que con un poco de adaptación lograría torcerle la mano a la vida, finalmente perdió la suya.
Es complicado ser una ranita y no saber si nos encontramos seguros en un charco, o si estamos en una olla con agua lista para ser hervida.
Es tan complicado vivir en un mundo donde nadie se detiene a explicar lo que sabe, y con miedo, hay que saltar antes de ser víctimas de los "pequeños cambios" que nunca llegan, perdiendo cosas de un valor que poco alcanzamos a divisar, ya que asustados, saltamos hacia el lado equivocado.
Qué tan seguro es acostumbrarnos a las condiciones siempre cambiantes si no sabemos cual es la finalidad de ellas?
Tal vez, de tanto cambio, terminemos todos hervidos por no habernos detenido a pensar si tanta adaptación era buena.
Adaptarse y cambiar son cosas positivas, pero hasta cierto punto.
Cuánto de lo que soy puedo cambiarlo para que yo y otros consigamos lo mejor? La respuesta debiese ser "Suficiente"
Pedir, no es tramposo.
Lo tramposo, es comprometerse a dar y no hacerlo.
Y lo interesante, es ver hasta que punto podemos torcer la mano, sin terminar como la ranita de nuestra historia.