miércoles, diciembre 26, 2007
Posteado por Libelula a las 12:43 a. m.


Lo importante no es como es, sino lo que es.
Lo importante no es ser el mejor, sino ser mejores.
Lo importante no es ser el primero en llegar, sino en ver con quien lo hacemos.
Lo importante, no es educar al resto, sino educarnos a nosotros mismos.
Lo importante, no es cuanto nos dan, sino cuanto somos capaces de dar.
Lo importante, muchas veces es el proceso, no el resultado.
Lo importante no es decir lo que pensamos, sino decir lo que sentimos.
Lo importante no es el número de personas que conocemos, sino las que nos conocen realmente.
Lo importante no es dejar de llorar, sino no dejar de sonreir.
Lo importante no es lo que tuvimos, sino lo que nos queda.
Lo importante es que soñamos, sin importar si es de noche o de día.
Lo importante no es el precio, sino el valor.
Lo importante sin importar los resultados, es que lo intentamos.
Y cuando sabemos esto, es cuando el resto de las cosas pierde importancia.
 
lunes, diciembre 10, 2007
Posteado por Libelula a las 12:28 a. m.


Creo que todos estamos de acuerdo en que somos animales de costumbres. Una vez que nos acostumbramos a comer algo, probablemente lo haremos toda la vida, al igual que la forma en que hablamos, el ritual y el órden de las cosas al vestirnos, y hasta como ordenamos las cosas en nuestro entorno.
Somos una costumbre, y salir de ese círculo, es casi tan difícil como aprender a decirle "No" al corazón y "Sí" a lo correcto.
Lo correcto muchas veces hiere al corazón. Pero somos animales de costumbres y luego de escuchar tantas veces la cabeza nos olvidamos para qué sirve el corazón y después de un tiempo, llegamos a odiar la cabeza que alguna vez nos rompió el corazón por una decisión mal tomada.
Pero luego lo olvidamos, cicatriza y si tenemos suerte, desaparece.
Pero hay otras cosas tan simples como decir "no" a un simple favor que atormentan mi vaso de agua.
Y ahí, siento que el corazón me traiciona nuevamente. No el corazón sentimental, sino el que me dice "Sé buenita.. ayúda", cuando mi cabeza me dice "ya basta" y no encuentro un equilibrio entre lo que debo y lo que quiero hacer.
Somos animales de costumbres, y temo haberme acostumbrado a ayudar cuando no debo.
Cada uno debe luchar su propia guerra y no hablo de pelea específicamente, sino que debemos olvidar que lo importante es llegar a la meta y recordar con quien lo hacemos, y cuando hay alguien que solamente quiere colgarse de la victoria que no es propia, olvidarse del corazón, y aprender a decir que no, que no es solamente decirle "no" a otros, sino de vez en cuando, a nosotros mismos.
Aunque duela, y no estemos acostumbrados a hacerlo.