
Peor aún cuando un silencio lo hace.
Decicí decir la verdad y tal vez quedar como una tonta, pero me siento mejor.
Y después de la verdad, sea lo que sea, no hay nada mejor que un abrazo y unas lágrimas que nacen sin provocación.
Un abrazo sincero, de esos que nacen mucho más profundo que los brazos que sirven para contenerlo, más allá del cuerpo que te rodea.
Esos abrazos reales, que vienen sin llamarlos, intensos como el mejor de los fuegos, seguros como la mejor fortaleza.
Todos nos equivocamos, lo importante es reconocerlo, no arrepentirnos, vivir y sobrepasarlo.
Podriamos haber dejado que todo siguiera su curso, pero me conoces, sabes que odio callar las cosas.
Para mí no fue una equivocación ni una debilidad, ni tampoco me arrepiento, eso te lo dejo bien claro.
Ya no te pido más, odio los silencios que me podrías dar como respuesta.
Lo acepto y lo reconozco, aunque haya acordado que esto quedaría entre nosotros.